viernes, 2 de diciembre de 2016

¿Qué es la ciencia?

Resulta curioso ver asociado el inicio de la tesis a términos extraños tales como doctorando. No digamos a investigador. Y aún más, científico. Provengo, vivo y no creo que abandone un mundo profesional en el que tener una tesis hecha o haber logrado el título de doctor no dice demasiado. En realidad apenas nada. Por no provocar ni siquiera produce envidia. Que es el colmo de la insignificancia.

Haber escuchado en alguna de estas primeras charlas que la realización de la tesis le convertirá a uno en una autoridad en la materia produce una disociación interior. ¿Quién está equivocado? ¿El mundo del que provengo, que ni se molesta en leer los resultados de las investigaciones porque las considera, con razón o sin ella, puro humo?  ¿O el mundo universitario que en ocasiones vive feliz alejado de la sociedad y sus necesidades olvidando que es el mundo real el que le proporciona fondos públicos?

Me veo como un doctorando en la medida que es un aspirante a algo. Pero es tan fea la palabra. Doctorando. Parece más bien una acción. No me identifico con la figura del investigador. Mucho menos me reconocería como científico. Científico, en mi imaginario, es Santiago Ramón y Cajal de quien, sentado un día frente a la casa donde nació en el pueblo de Petilla de Aragón, tan alejado de cualquier centro científico, aprendí que si desde allí partió un viaje hacia el conocimiento del cerebro y hacia el premio Nóbel, todo es posible.  Años más tardes leí su “Reglas y consejos sobre la investigación científica. Los tónicos de la voluntad” y entendí qué era la ciencia y cuán importante es la perseverancia en un propósito.


Así las cosas, para desbrozar el camino que se intuye al comienzo de esta tesis, habrá que creerse esta aventura como intelectualmente relevante. Aunque no lo sea. Decirse que, sin llegar a ser autoridad, tal vez tanta lectura le vaya a convertir a uno en casi un experto en su centímetro cuadrado de interés.

Y por eso habrá que empezar a pensar, siquiera forzadamente, en términos de ciencia. Entrar en el mundo al que llevan los artículos leídos y organizar la mente parar mirar conforme al método científico. Averiguar primero cuál es el finisterre, hasta donde llegó el conocimiento. E iniciar desde allí la travesía. Si bien saber dónde están los confines es a veces complicado.

Hablan estas lecturas recomendadas de, viendo lo que todos ven, ser capaz de pensar lo que nunca antes nadie había pensado. Y es una idea que me agrada. Se utiliza el término tenacidad, que es como la cabezonería pero cuando se tiene éxito. También, y tan relacionado con lo anterior, se menciona la capacidad de trabajo.

Viajar es hermoso. Recorrer el Nilo, pasear por la quinta avenida de Nueva York, perderse en los puestos del mercado de Marrakech, mirar el Atlántico desde los acantilados de Irlanda. Y sensaciones muy parecidas, a las del viaje, son las que se tienen en la quietud de la biblioteca cuando se abre el libro, se inicia la lectura de los artículos recién impresos y se viaja de manera emocionante por los conocimientos.

Recoge uno de los textos el concepto de los descubrimientos prematuros. Y con ellos la soledad de quien se adelanta algún tiempo y vive con la certeza, o acaso solo la esperanza, de que tal vez, algún día, cuando ya no esté, el mundo vea que estaba en lo cierto.

Por último, me gustaría destacar el descubrimiento de una nueva perspectiva respecto al concepto de comunicación. Comunicar era una idea que tenía asociada a la obsesión que percibo entre los compañeros por publicar para, como en un comecocos, ir recogiendo puntos que entregar en un saco a la Aneca. Comunicar tiene ahora una nueva versión, la de socializar el descubrimiento. Una investigación no termina hasta que no se comunica.

Comienza ahora un viaje. ¿Qué podemos esperar? Acaso aprender a investigar con precisión. Estudiar para conocer las cosas que ya se saben pero que yo todavía ignoro. Y, en el mejor de los casos, saber explicar de manera sencilla que se supo de nuevo.

1 comentario:

  1. Hola Raul, ¡qué bien escribes! Precioso texto.
    La primera parte me ha interesado mucho. Haces una pregunta muy muy pertinente. El que te la hayas planteado ya hace que me haya merecido la pena el curso.
    Si investigar no es aportar conocimiento nuevo y "verdadero" (lo más próximo a eso que se pueda conseguir) ¿qué es? Pues pura palabrería e impostura intelectual. En todas las disciplinas hay de las dos cosas, pero no en todas en la misma proporción. En particular en ciencias de la educación... lo dejo a tu criterio, que tal como te has expresado probablemente coincida mucho con el mío ;-)
    Gracias por tu trabajo.

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